Mal Rato
La fila era de 25 autos entre turistas, campers, , canadienses y estadounidenses, todos en ánimo de vacaciones, familias completas, bicicletas, parrillas abuelas, amigos, chicos , grandes, perros gatos, etc. Como cuando en chile llegan las vacaciones de verano. Lo mismo pero al otro lado del mundo. Nosotros por nuestro lado esperábamos como dos niños expectantes, llenos de ilusiones, lo que habíamos reservado hacía 6 meses estaba más cerca que nunca. Nos acercábamos después tres horas de fila a la ventanilla de aduanas de los estados unidos.
Cuando llego nuestro turno, fuimos recibidos por una “señora” con la cual denominaremos a este personaje. Para nosotros tiene otro nombre compuesto de dos palabras, pero para el caso de esta historia, la llamaremos “Señora”. Bien, esta señora desde el primer segundo no hizo más que hacernos pasar un mal rato. No nos saludo, luego me reto porque escribí ALASKA en vez de AK. Que es como se abrevia el estado. Luego me pregunto si traía cítricos a lo cual respondí que “Si”, y cuando me iba a bajar del auto para abrirle la puerta del camper y mostrarle los limones, me dejo pegado al techo un un fuerte: “Stay in the car”, dos veces, “Quédese en el auto” (gritando a lo película de Bruce Willis), luego saque la mano de la manilla y luego me insistió que no debía bajarme del auto. Me sentí un delincuente haciendo algo terrible. Volvió con nuestros tomates, nuestros limones y un palo de agua que teníamos para la buena suerte. Me dio una cátedra amenazante del significado de lo que estaba haciendo y como podía destruir toda la flora de Alaska con mi acto irresponsable. Sumémosle a todo esto que el Ingles de la señora era bastante acelerado y balbuceante por lo cual debía preguntarle todo dos veces. Esto no contribuía al diálogo y al repetir su respuesta, lo hacía de la misma forma y sin ánimos de mejorar. Luego me pregunto si es que tenía madera, y le conteste que sí, ya que siempre ando con dos troncos para ponerlos debajo de la rueda en caso de estacionarnos en subidas o bajadas. Me hizo bajarme del auto, que caminara delante de ella, saque los troncos, y luego me escolto nuevamente hacia el lado del piloto y me dijo, “Stay in the car” nuevamente. Luego me exigió licencia de conducir canadiense y en un contraargumento de 10 minutos sin dejarnos entrar a la frontera, logro entender que con mi licencia podía conducir en Alaska y Canadá.
A regañadientes nos devolvió los pasaportes, y nos extendió un folleto especificando que el porte de armas y elementos explosivos estaba penado por ley y que arriesgábamos pena de cárcel en ese país. Todo esto siempre en un tono desafiante y haciéndote sentir que no eres nada, absolutamente nada, que eres menos que el resto de estiércol disecado debajo del neumático de nuestra querida “Dora”. Nos hizo creer que estábamos cometiendo un error constantemente. Creo que la única arma que llevábamos a bordo eran unos palitos de fósforo cagones y húmedos.
Ya en las finales con los ánimos por el suelo, a punto de perder el ferrie, y con la moral colgando la cuerda al techo, aparece coronando la guinda de la torta la “Justicia divina”. La educada y cálida señora insistió con revisar por última vez nuestro camper. Y cuando estaba por cerrar la puerta de este. Siento un ruido fuerte y un movimiento brusco de la camioneta. Aparece la señora cojeando por el lado del piloto y me dice que ahora me podía bajar a recuperar mis llaves ya que ellas habían quedado colgadas en la cerradura. Sucedió que el ruido que sentimos era que la señora se había sacado como diríamos en buen Chileno, “La Chucha” cuando se bajo del camper y que su cojera era producto de una lesión.
Disculpen queridos lectores pero no pudimos contener la risa y entre dientes soltamos unas carcajadas.
No tengo nada contra las fronteras y aduanas. Entendemos perfectamente que las reglas en estas son claras y es necesario cumplirlas. Entendemos también que por motivos de pestes y otros no se pueden pasar alimentos a otros países. Pero una cosa muy distinta es pasar a llevar a las personas, tratarlas mal y de alguna manera faltarles el respeto. Eso no se hace y si se hace, es necesario estar consciente que la vida se encargarla de devolvértelo de alguna forma.
Con un goce maligno. Cristián y Claudia.
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